Monday, September 25, 2017
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Fine Art Italia-Abc Artists Alonso & Marful Su Alonso & Inés Marful-METÁFORAS DEL CENTRO

Alonso & Marful-METÁFORAS DEL CENTRO

 

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METÁFORAS DEL CENTRO

 

“Dios es una esfera inteligible cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.”
Hermes Trimegisto, Corpus hermeticum

 

“Nunca sabré de qué modo la caricia inexacta que hoy dibuja tu mano va trazando en silencio los mapas de la esfera.”
Alonso & Marful, Sutra de la Esfera

 


Esta hipótesis, que fascinó la filosofía de Blaise Pascal y de Giordano Bruno, es tan antigua como la filosofía. De ella se derivan al menos dos ideas: la primera, que todos y cada uno de nosotros, pero también cada pájaro y cada gota de lluvia, cada rostro que guarda la memoria y cada instante futuro, somos el centro de una geografía sagrada; y que, probablemente, y apenas concibamos esa geografía como un todo dinámico, cada gesto que describimos nos hace responsables del destino del universo. La segunda, que, puesto que la circunferencia no está en ninguna parte, estaríamos hablando de una esfera infinita. Ambas ideas –la cocentralidad de todo lo que existe, la infinitud- desafían las cándidas posibilidades de nuestra inteligencia.

 

En noviembre de 2011 empezamos a concebir una serie que llevaría por nombre Metáforas del centro. Nuestro tema no era la religión, sino lo sagrado, aquello a lo que George Steiner se refiere como la “nostalgia del Absoluto”. Sentadas frente al mar de la bahía, en Can Picafort, volvimos a los textos de Platón, a las visiones de Empédocles de Agrigento, cuyos cuatro elementos –aire, agua, tierra y fuego- conforman una sola esfera que “exulta en su soledad circular”, al barrio de Buenos Aires en el que Borges vislumbró el aleph, a la trama celeste en la que Bioy Casares concibió la existencia de universos paralelos. Asomadas al visor de nuestras cámaras, fotografiamos el mar y dibujamos sobre él la transparencia de una esfera inteligible.

 

Un resplandor metafísico nos invadía por dentro y se dejaba traslucir en la enigmática grandeza de la luz, en la profundidad de campo que, en los días claros, nos permitía conservar la nitidez del foco hasta la línea del horizonte. El horizonte se curvaba suavemente. Era un borde sensible de la imposible esfera. Con este sentimiento, la evolución de la idea de un centro ubicuo fue llevándonos a formalizaciones de elementos esféricos que se recortan contra la infinitud del horizonte y que pronto se convirtieron en piezas de un puzzle incomprensible del que dejábamos algunas notas en nuestro cuaderno de bitácora.

 

Más tarde configuramos series de tamaños crecientes según la divina proporción áurea. Dejamos que la noche, que avanzaba segura y dejaba en el mar los últimos oros de la tarde, redujera la esfera a un círculo encendido. Entonces empezamos a recoger tierra y a almacenarla en sacos. Con ella representaríamos la condición humana: un puñado de materia y podredumbre iluminada por el resplandor eterno del espíritu. Renunciamos a las especulaciones de los filósofos y los poetas. Las nuestras, pasos en falso, tiernas tentativas, quedaron registradas en un cuaderno de notas. Alguna de ellas acompañan las distintas imágenes de esta exposición. Son ejercicios de fascinación, conminaciones, vaguedades y búsquedas que no responderán a la mecánica de nuestras cámaras –no en vano son oscuras- ni al infeliz ejercicio de nuestra gramática.

 

El 18 de enero pegamos la primera prueba de impresión en el Cuaderno del proyecto. Y anotamos: “Este cuaderno está hecho de mar y de preguntas. Del mar que arrecia y moja las preguntas y las deja a la orilla, como la dulce broza que abandona y
llueve,
eternamente llueve,
sobre el Joyce que dejamos abierto en la mesita
sobre la cruz de Malta y sobre el lecho
flamígero del mundo. Y es hermoso,
a ratos es hermoso,
saberse derrotadas de antemano.”

 

El resto son fotografías, instalaciones hechas con tierra y luz, esferas de látex que se mueven en torno, que responden a nuestro movimiento invitándonos a una ética del corazón, centros sagrados que nos rodean y que son parte de la infinita trama de lo absoluto, enclaves de una biografía probablemente más ancha y más profunda de lo que presuponen nuestros límites, poemas encontrados.

 

© Su Alonso & Inés Marful


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